
Esto sin duda puede ser el encabezado de un cuento donde los protagonistas son una niña y una máquina que día a día reinventan en una competencia por crear la mejor computadora que el ser humano pueda poseer.
Han pasado ya 18 años desde aquel primer contacto con lo que hoy entiendo como tecnología, y es que a pesar de no nacer en la era de los nativos, (entiéndase como nativos a las personas que han nacido rodeados de tecnología, IPods, computadoras portátiles, etc.) la necesidad de mantenerme “actualizada” me han obligado a interesarme en todo este mundo de correos electrónicos, del Messenger, de llamadas internacionales desde la computadora por medio de programas como Skype, en fin es una lista de no acabar.
Me considero una consumidora moderada de la tecnología, ya que mi relación con ella se limita a lo elemental, es por ello que mi profesión me está convirtiendo en una productora, quizás no de tecnología pero si de aprovechamiento de todos los recursos que ella envuelve en su telaraña de redes. Por esa razón mi profesión me ha llevado a crear en conjunto con una gran amiga y colega este blog, esa necesidad de meterme en el agua en lugar de quedarme en la orilla viendo como otros se dan un buen chapuzón me traen hasta esta página.
Ese romance entre la tecnología y Mónica, comenzó hace 18 años, y morirá el día que me toque partir a la otra vida… aquella que según mis creencias es la mejor manera de descansar de todo lo que has vivido aquí en la tierra, por eso damas y caballeros, en esta vida he de trabajar para que mi romance cree en conjunto con la facilidades de esta nueva era lo mejor para el consumidor.
Bendiciones, Mónica M. Schmidt
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